Un día vamos a irnos sin decirle nada a nadie,
nos iremos donde nada ni nadie puedan encontrarnos, ni saber de nosotros.
Quizá no nos den ganas de volver nunca.
Un día tendremos nuestra casa, un pez, un perrito y un gato.
Las aves no, porque esas deben volar libres.
Como nosotros.
Un día quizá busquemos una casa a la que le quede cerca el mar, y así no tenga que conseguir un caracol grande para escuchar las olas cuando me sienta triste.
Un día vamos a recorrer el mundo y vamos a ver más de 43 atardeceres.
Cada uno en lugares diferentes.
Un día saldremos a caminar bajo la lluvia y sin paraguas;
vamos a juguetear sobre los charcos que parecen refresco de horchata,
vamos a llegar a casa a prepararnos café o chocolate caliente,
nos vamos a sentar en la ventana a ver cómo la lluvia se va yendo afuera.
Un día iremos a poner un par de columpios bajo un árbol, y nos sentaremos allí a esperar a que caiga la tarde, mientras nos balanceamos olvidándonos del mundo y sus miserias.
Un día de septiembre, tomaremos los colores que más nos gusten, y haremos nuestra propia bandera, y tendremos nuestra independencia de los afectos,
nuestra independencia de los apegos emocionales.
Nuestra independencia de la compañía indebida.
Nuestra independencia de la soledad vulgarmente acompañada.
Un día tendremos un octubre con muchos vientos, e iremos a elevar piscuchas, o buscaremos globos que dejaremos escapar con cartas atadas al final, escritas para alegrar a los demás, para alegrar a quien las encuentre.
Un día de octubre usaremos máscaras, solamente para que podamos ser otros,
quizá para ser las brujas y demonios que llevamos dentro y pedirnos dulces entre nosotros o simplemente salir a espantar niños por la calle.
Un día de noviembre voy a dejarte pintar la casa de azul, de verde, de amarillo,
del color que querrás (Solo porque noviembre es un mes un poco aburrido)
Un día vamos a llegar por la noche con unas cervezas y cigarros,
y nos vamos a sentar el uno al lado del otro en silencio, porque también habrán días en los que tampoco vamos a querer hablar el uno con el otro.
Un día voy a esperarte con sopas caseras, aunque a mi casi no me gusten;
pero voy a hacerlas con tal de verte sonreír y sentarme junto a vos mientras las tomás.
Un día quizá la vida sea más amena con nosotros, y nos sonría más seguido.
Un día nos vamos a sentar a escuchar a Bunbury todo el día,
otro día será Oceransky y Ornelas, quizá Fito.
Pero con coca cola y pizza en mano.
Un día quizás yo, quizá vos, no tengamos ganas de salir de la cama, y solo querramos quedarnos allí y odiar al mundo y ser misántropos un rato.
Un día pueda que solo necesitemos el abrazo del otro, y que nos preste su hombro para llorar, y se quede en silencio, y no cuestione absolutamente nada.
Un día vamos a estar tan lejos de todo, y probablemente de todos,
pero siempre me tendrás allí,
y sé que siempre te tendré allí.
Un día aprenderemos a ponerle punto final a las historias,
dejaremos de creer en las segundas partes;
Un día se nos agotará la fe,
dejaremos de dar segundas oportunidades al mundo.
Un día comenzaremos a darnos una segunda oportunidad a nosotros.
Un día reiremos tanto, hasta llorar.
Un día las cosas ya no van a doler,
ya no habrá nada que pueda herirnos más,
un día habremos entendido que ya sufrimos lo suficiente y que es momento de comenzar a reír.
Un día quizá se me olvide decirte lo mucho que te quiero, eso jamás va a significar que te haya dejado de querer.
Quizá un día ya no estemos uno al lado del otro,
Un día quizá las cosas no salgan como lo planeamos,
Un día quizá solo nos cansemos de todo, incluso de nosotros mismos,
pero un día, un día las cosas serán diferentes.
¿cuándo? No sé.
Pero si puedo asegurarte que será un día de estos.