Instinto de sobre protección.


La última de mis verdaderas depresiones, fue lo suficientemente devastadora como para preocupar en gran manera a muchos de los que me rodean.

Suelo ser, si bien es cierto; una persona con mucha tendencia al drama, es cierto, pero creo que dejaría de ser yo si no lo hiciera.
Cuando las cosas duelen, a veces no podés evitar ser dramático, tener un poco tus momentos extraños en los que a algunos les dan ganas de abofetearte, mientras que a otros les produces un terrible sentimiento de lástima y compasión.

Pero uno está ocupado en hacerse sentir a sí mismo, miserable, en buscar errores para determinar en qué fue específicamente en lo que falló, en autodestruirse con los recuerdos, en hacer de su vida un total infierno y quisieras que la gente simplemente se quedara en silencio, quisieras que simplemente y sin decir nada te abrazaran y te dejaran llorar en su pecho todo el tiempo que fuese necesario para vos hacerlo.

En una de esas noches en las que yo estaba buscando en qué había fallado, y preguntándome (como usualmente también pasa) qué hay de mal conmigo para que todo aquello a lo que me aferro, a lo que le brindo mi cariño terminara desastrozamente mal, me encontraba llorando en mi cuarto tratando de hacer ese paso estratégico de ahogar el llanto con la almohada.

Creo que mi esfuerzo fue infructuoso porque en un lapso de tiempo tenía a mi abuela tocándome la puerta preguntándome qué estaba pasando conmigo, qué había pasado con mi vida.
Habían transcurrido cuatro días en los que lo único a lo que salía de mi cuarto era a tomar un baño. Volvía a encerrarme a buscar dormir.

Esa noche que ella entró a mi cuarto, se sentó a mis pies, y comenzó a acariciarme a preguntarme entre un poco de sollozo y preocupación qué era lo que me pasaba, qué podía ser tan grave como para hacerme caer en una depresión tan grande que solo me llevaba a querer estar dormida, cuando me preguntaba todo esto y yo no podía hablar o emitir sonido alguno más que el de mi llanto me dijo: "¿Qué puedo hacer para evitarte tanto dolo? ¿Cómo hago para quitarte el sufrimiento del corazón, hija?"

Quizá de un modo inconsciente le dije "¡Hay cosas que por más que quiera, nunca va a poder evitarme!"

Tratamos siempre de proteger a quienes amamos, algunos lo hacen de buena manera, otros tenemos un instinto protector característico en el que parece que el remedio es peor que la enfermedad, generalmente unos somos impulsivos cuando se trata de proteger a aquellos a quienes amamos, que no reparamos en darlo todo con tal de protegerlos.

Cuando vemos que nuestros seres amados van en vuelo directo y sin escala a estrellarse quisiéramos poder tener poderes mágicos para hacer desaparecer esa pared donde sabemos que van a chocar, quisiéramos poder elevarles el vuelo con nuestras manos, y hacerles pasar por encima de la pared y evitar su choque.

Quisiéramos incluso que el dolor que ellos sienten pasara a nuestro corazón con tal de verles reír, con tal de saberles feliz, con tal de evitarles un sufrimiento.

Con el amar (en cualquiera de sus presentaciones) parece venir implícito un instinto de sobre protección.
Es algo que no podés quitar, es algo que viene incluido en las letras pequeñitas que siempre pasamos por alto y sin detenernos a leer.
No podés pedirle a alguien que te ama que no te proteja, no podés pedirle a alguien que dice amar que no busque formas de cómo cuidar y proteger a quien ama.
Incluso no podés decirle que no ponga al ruedo hasta su vida, su alma, su corazón y todo su empeño para cuidar a quien ama.

Pero también es cierto, que algunas veces, por más que amemos a alguien, por más que ese instinto de sobre protección nos lleve a querer evitarle dolores a quienes amamos, por más que queramos evitar que se estrellen contra una pared, no lo vamos a poder hacer.
¿Por qué?
Porque la vida suele ser así, porque a lo mejor todos debemos experimentar caídas propias, dolores propios, sufrimientos propios para hacernos un poco más fuertes, ¡Claro! Unos brazos a los cuales acudir cuando nos sintamos en el limbo nunca están de más.


"La vida es esa que te ofrece una galleta y te sonríe. Luego te quita la galleta, te da una patada y te deja tirado en el suelo, con dolor por el golpe, y sin galleta."
Recuerdo que alguien me lo dijo. Ya no recuerdo quien. Pero acertó.

Experimentar la vida en cuero propio es algo que no le podemos evitar a quienes amamos.

(aunque yo a veces diera todo por poder hacerlo y aunque los que me aman también dieran todo por hacerlo).

La locura es la salida de emergencia.


¿Quién es capaz de juzgar a un loco?
¿Quién se atreve si quiera a decirle que está equivocado?
¿Quién le diría que sus acciones no están de acorde a lo racional?

Difícilmente nos gusta discurrir con un loco. Difícilmente nos atrevemos a juzgar a uno de ellos porque consideramos que el pobre está tan desconectado de su realidad que se ha recreado otra, en la que la lógica, lo racional, lo socialmente aceptable; no tiene cabida alguna, sino que se ha tenido que recurrir a la única salida que (Según el villano enemigo de Batman: "The Joker") encuentra cualquier persona normal que es llevada al borde del colapso. La locura.


Quizá nunca me había detenido a analizar los discursos que este famoso villano hace durante la trama de algunos de sus aparecimientos, siempre me parecía que el Joker era simplemente un malvado más que lo único que buscaba tener era el control del mundo.
Pero no. Él simplemente disfruta de ver arder el mundo, disfruta lo que significaba poder demostrar un punto que para cualquier otra persona "normal" es difícil, improbable,  ilógico, absurdo, ambiguo. 


Pero no me quiero detener a hablar sobre lo retorcido, seductor, majestuoso e incomparable de los discursos del Joker (Y es que a duras penas y llego a dar unos pininos en el campo de los comics y la historia en sí) Pero quiero enfatizar en uno muy característico con el que me he sentido sumamente identificada estos últimos días.

Muy probablemente no haya estado teniendo una actitud muy cuerda para algunos que han llegado a conocerme, me han estado sucediendo un sin fin de cosas (simples consecuencias de mis acciones) que han venido a desequilibrar un tanto mi estado emocional cuando todo marchaba tan bien, que incluso tengo una entrada (bonita) pendiente, en la que escribía sobre lo bien que me iba, pero estuve postergando el escribir por estar ocupada en en disfrutar lo bonito que iba todo.


Alguien me dijo recientemente "Tenés una forma bien estúpida de autodestruirte" Muy atinada y certera afirmación. 

Sin embargo aunque no difiero totalmente de la afirmación anterior sobre mi persona, podría decir que el discurso que el Joker hace cuando tiene secuestrado al teniente Gordon en el comic "The Killing Joke" es quizá el único de mis escudos en estos momentos.
No quiero decir con esto que estoy recurriendo a una (muy bien planteada) justificación, solamente y aunque a algunos pueda parecerles risible estoy haciendo una pequeña amalgama; tomando como base lo que Joker le decía al teniente mientras le daba un paseo queriendo sacarlo del mundo tan monótono, aburrido y real para llevarlo a uno donde la lógica y lo racional no tienen entrada.

En ese paseo, el Joker le regala al teniente Gordon el mejor de los discursos que haya podido yo leer, una exquisitez incomparable (y muy adaptable) que aunque incita a adentrarnos en la locura está llena de tanta razón...


Hay ciertas frases del discurso que no dejan de darme vuelta en la mente, quizá porque las he sentido tan parte de mi estos últimos días:


"Estás haciendo lo que cualquier hombre cuerdo en tus terribles circunstancias haría. Te estás volviendo loco."
"...Los recuerdos pueden ser viles, repulsivos, pequeños brutos como los niños, supongo ¿Pero podemos vivir sin ellos?
Los recuerdos es sobre lo que nuestra razón está basada. Si no podemos enfrentarlos, negamos la razón misma... Pero,no estamos por contrato, atados a la racionalidad. ¡No hay una cláusula de cordura."

"Cuando te encuentres trabado en un desagradable tren del pensamiento, dirigiéndose a lugares en tu pasado donde el gritar es inaguantable. Recuerda que siempre hay locura. 

¡LA LOCURA ES LA SALIDA DE EMERGENCIA!"
Mis últimas acciones a lo mejor no han sido las más cuerdas las más racionales, y en lugar de detenerme a llorar las tragedias, algunas de ellas ocasionadas por mi ferviente deseo y amor por la autodestrucción y el autosabotaje, decidí reírme de ellas. Decidí aislarme en lo absurdo, en lo ilógico en lo irracional.
Quizá estoy volviéndome un poco loca. Los recuerdos están manifestándose como niños mal portados y no estoy obligada a ser racional. En el contrato de mi vida no venía una cláusula que me ate a la cordura.

Y como bien lo decía el Joker para casi cerrar su discurso 


"Todo lo que toma es un mal día para reducir al hombre vivo más cuerdo, a la locura."

He tenido muy malos días. Pero siempre me queda un refugio en un poco de locura.

Nota realmente necesaria: ¡Muchísimas gracias a mi maestro por excelencia! Soy una buena aprendiz y estudiante que hace sus tareas.