Dolores.

Quizá la única forma que encuentro ahorita de canalizar todo esto que siento es escribir. 
Tal vez, no sea la mejor manera, pero es a la que puedo recurrir.

La forma en que llegaste a mi vida fue inexplicable, quizá la más absurda y loca de todas pero te quedaste, te instalaste en mi corazón, me ganaste con tus cosas, con tus locuras, te volviste tan especial, tan importante para mi, pasamos tantas cosas lindas juntos que si me pongo a escribirlas ni todas las entradas posibles en este blog podrían alcanzar para tantas cosas bonitas que pasamos, para tantos momentos especiales que vivimos.

Evidentemente también tuvimos nuestros malos ratos, tu carácter dejado y mi necesidad de quererte tener cerca siempre fue el principal punto de discusión y es que no eras normal, eras la excepción a la regla de lo que todos los demás son, y quizá eso era lo que más me agobiaba, no podía saber cuál sería tu próximo movimiento, no tenía modo de saber como responderías a mis enojos o a mis loqueras, con el tiempo fue aprendiendo a hacerlo.  Aunque siempre encontrabas modo de sorprenderme, siempre encontrabas manera de silenciarme con detalles bonitos, con gestos con risas, con tus ojos que tan bonito me miraban, con tanto cariño, con esos ojos en los que yo podía confiar plenamente, con esos ojos que no sabían mentirme, con esos ojos que todo revelaban con una mirada.

No puedo negar que de poco a poco comenzaste a meterte en mi corazón, me ganaste, me aceptaste con todo y mi enorme cantidad de defectos y múltiples errores, supiste hacerme reír cuando solo quería llorar, supiste hacerme llorar de felicidad, supiste determinar mis diferentes clases de risa, sabías cuando fingía disfrutar la compañía de alguien y como era de falsa mi sonrisa en ese momento, supiste determinar mi estado de ánimo con solo verme a los ojos, con una simple respuesta emitida de mi boca.

Con todo y lo especial que fuiste y serás siempre en mi vida, no termino de creerme que voy a caminar en unos momentos a decirte adiós, un adiós momentáneo quizá, un adiós para siempre, no volveré a verte, no volveré a abrazarte, no volverás a burlarte de mis dramas, no volverás a hacerme enojar, no volverás a regañarme por tanto tomar coca cola, no volverás a pedir té de limón cuando yo quería de durazno, no volverás a sonreírme, no volverás a decírmelo todo con la mirada, no volverás a ir por mi, no volveremos a caminar juntos en la calle, no me vas a obligar a subirme a una pasarela aunque dijeras que es por mi bien. 

Voy caminando a decirte adiós y me duele, me duele como si me arrancaran parte del corazón y es que vos eras parte de mi corazón.
Voy caminando a decirte adiós esperando a que todo esto sea un mal sueño.
Voy caminando a decirte adiós y quiero alargar el camino, quiero recordarte una y mil veces más, regresarte a mi vida, a mis brazos, regresarte a mi.
Voy caminando y siento un vació porque no quiero decirte adiós, pero nada más puedo hacer, no quiero pero sé que es inevitable.

Voy a llorarte, quizá nunca termine de hacerlo, porque de mi vida has sido y serás parte de lo mejor, voy a moririme junto con vos, voy a irme un poco del mundo junto con vos, entierro con vos todo esto que jamás podré decirte de nuevo, no quiero enterrar tu recuerdo porque entonces si vas a morir de verdad.

Hoy voy a tu velorio, mañana a tu entierro y duele, y voy a llevar mi luto, porque es lo justo, porque nadie en mucho tiempo va a ocupar tu lugar, voy a despedirme brevemente. Después te alcanzo vos sabés.

Ya no te veré volver. Ya no te escucharé reír, ya no te escucharé tartamudeando cada que estás nervioso, ya no me veré en tus ojos reflejada. Ya no. Y duele hasta al grado de querer acompañarte en esa tumba.
Duele y va a doler por mucho tiempo. Por una eternidad. Por varias eternidades.

Pero un adiós duele demasiado, y un hasta siempre es incierto.
Voy a vivir mi luto por vos, por los dos, por lo que fue, por lo que ya no pudo ser, por lo que me queda y por lo que te llevás.

Te quedás aquí, aquí mismo donde hoy dolés, te quedás conmigo en el recuerdo, en el amanecer, en el abrazo que me diste, en el regaño que pronunciaste, pero eso no aminora mi dolor, mi rabia, mi impotencia.

Te amo hoy, te amé ayer, y voy a amarte mañana. 

Miércoles santo sin torrejas y jocotes en miel

Era esta misma época, Semana Santa, pero hace 13 años atrás, como siempre suele ser esta temporada, el calor apremiaba y hacía acto de presencia, las constantes peleas ya venían desgastando no solo tu relación con mamá sino mi vida.

Nunca te diste cuenta que yo prefería andar dando vuelta en los buses con tal de no pasar en la casa y escuchar tus peleas, nunca notaste que preferí cambiarme de horario y de institución con tal de llegar pasadas las 6 de la tarde a la casa para no escuchar los reclamos que te hacía mamá y tus evasivas y tus excusas tontas que tanto la hacían llorar, tus negaciones que de sobra sabíamos eran mentira, tus huidas, tus regaños hacia mi con tal de centrar en otra cosa la atención para evitar que mi mamá te siguiera reclamando. 

Siempre te levantabas a la misma hora aunque estuvieras en vacación, siempre escuchabas a Raúl Beltrán Bonilla con su crónica en la KL, siempre hacías bulla cuando uno más quería dormir, planeaste nuestro viaje a la playa  como todos los años anteriores aunque mamá no asomaba ánimos de ir, salías como los últimos meses de un año atrás sin decir a donde, pero regresabas a la hora del almuerzo y la cena, siempre te gustó todo la comida que se hacía esta época y por vos había que tragarlas todos los días de la semana mayor, el pescado envuelto que nunca me gustó me hacías comerlo y mamá me decía "Por la paz del mundo y con tu papá, comételo" y por vos había que comer jocotes en miel y una torreja después de la cena, porque nunca te gustó comer solo (actitud desgraciada que te heredé) 

Era miércoles santo, llegaste más de las 6 de la tarde a la casa, te habías tardado, mamá había pasado del mal humor todo el día, regañándome por todo y nada, como era de esperarse comenzaron a discutir, me habías comprado un discman el cual ponía  a todo volumen para no escuchar nada, esta vez no había manera de irme de la casa, ni lugar para donde agarrar.

Los gritos trascendieron el volumen, recuerdo que escuchaba Sometimes de Britney Spears (ahora se por qué detesto esa canción) hasta que gritaste : "Entonces me voy a la mierda" y mamá te respondió "Pues váyase a la mierda" me quité los audífonos y mamá estaba entre la cocina y la pila llorando, entré al cuarto y estabas sacando el dinero de tu caja donde lo guardabas, tenías un maletín con ropa, me viste y me dijiste "Quítate de aquí" comenzaste a sacar una colchoneta del cuartito donde guardábamos las cosas y mamá te dijo "Esa colchoneta no la compró usted, déjela ahí" y saliste enojado sin decir nada.

Era miércoles Santo y el calvario de mamá parecía más grande que la misma pasión de Cristo, y el llanto de mamá las noches consecutivas a esa parecían más pesado que la misma cruz del Señor.
Ese día entendí que quedé huérfana de padre, y ese día comencé a sentirme así, ese día decidí que moriste, ese mismo día decidí enterrarte, y vos a diferencia de Jesús no resucitaste jamás.

Mamá dejó de cocinar lo que a vos te gustaba casi por 2 años desde que te fuiste, su llanto tapado con la almohada traspasaba los cuartos y el alma. Y sus ojeras se volvieron grandes, y sus canas aparecieron más, y su cuerpo enflaqueció aligeradamente y su evasiva a las preguntas, y su preocupación por mi actitud.

A partir de esa noche en casa no se comieron torrejas, ni jocotes en miel, esa noche en casa nada había de dulzura, a partir del 2001 en casa dejaron de hacerse esas comidas.

Ahora siento su aroma y no me sabe dulce, me sabe a tristeza, semana santa no me sabe gris por la pasión del Señor, me sabe gris porque esos hechos me la hicieron gris y amarga.

Estamos en época de perdón, dicen todos por ahí, para mi sigo con esa corona de espinas en el alma, eso dejaste vos, eso quedó.


Te fuiste un miércoles santo, dejando tras de vos un calvario, no se si lo sabrás algún día, pero acá seguís pesando, sigue siendo asquerosa la fecha, sigue doliendo como el mismo día, sigue afectando el corazón.


Me quedo! Pero no voy a deshacer mis maletas.

 Cuantas veces nos hemos  entregado al 100% en una relación (amorosa o de amistad) quizá la misma cantidad de veces que hemos salido lastimados, pero eso tampoco ha impedido que sigamos haciéndolo una y otra vez, algunas de ellas cometiendo los mismos errores de relaciones anteriores.

En efecto, yo soy de esas personas que también da el 100% y más en sus relaciones de amistad y amorosas, de esas personas que cuando se entregan lo hace completamente. Pero ¿qué implica quedarte al lado de una persona? ¿Qué significa cuando decimos "Este es mi lugar"?

Cuando hemos regresado a casa por algún viaje, alguna vacación, volvemos  a nuestro hogar (y ojo que dice hogar no casa), a ese recinto que sabemos nuestro, donde nos sentimos resguardados, y hasta cierto punto seguros, ese lugar al cual sentimos que pertenecemos, suspiramos, comenzamos a recorrerlo alegremente, porque lo sabemos nuestro, porque sabemos que nos está esperando luego de un viaje largo y quizá cansado. 
En cambio cuando vas de viaje, se trae consigo maletas ¿no? pero, así llegués al lugar más bonito, así ese lugar se sienta como el hogar, así todo lo que esté allí te haga sentir que pertenecés a él sabés que no es así, sabés que no podes deshacer tus maletas y si las deshacés tenés que estar consciente de que solo será momentáneamente pues pronto ese viaje terminará, y deberás regresar, sabés que no podés quedarte, sabés que si deshacés maletas corrés el riesgo de que te duela irte de ese lugar tan plácido y bonito, y no querés que duela, y no querés irte.

Sucede que en cuestión afectiva, me gusta deshacer maletas, esas maletas que vengo cargando con cariño, con palabras bonitas, con lo que soy, con dulzura (poco notable a veces) con historias que contar, con valor de luchar, con ganas de escuchar, con ganas de ayudar a crecer, con ganas de apoyar, con todo el sentimiento posible, con el corazón al mil y con tantas cosas bonitas para dar.

(Me) Sucede lo mismo con las personas, independientemente que los sentimientos algunas veces sean volátiles, me sucede lo mismo. Me gusta saber que tengo un par de brazos en los cuales puedo sentirme segura,  el corazón de alguien al cual puedo sentir que pertenezco, ese corazón que me dice "Acá también tenés un lugar" 






Con toda la montaña rusa que ha sido mi vida sentimental, llegué a la conclusión de que encontré una relación que me hizo pensar de nuevo en "pertenezco a este corazón", esos abrazos con sabor a "Aquí estás seguro" que uno sabe que son inigualables. Y deshice maletas. 

Deshice maletas y me acomodé de la mejor manera, adorné ese corazón a mi gusto, me sentí con calor de hogar, deshice maletas porque cargué con tanto en ellas que ya pesaba, deshice maletas porque pensé que iba a quedarme por mucho tiempo, deshice maletas porque nunca he podido estar en un lugar sin deshacer lo que traigo, deshice maletas porque de verdad, de verdad ansiaba tanto un oasis como el que encontré y me paseaba por ese lugar, y cada día me gustaba más, y cada día crecía mi gana de quedarme,  y cada día se sentía más que ese era mi lugar, mi refugio, mi manantial, mi alegría ese lugar del cual decís "Hay un mundo afuera, pero estoy tan a gusto acá que no quiero salir"

Pero siempre pasan situaciones que te hacen darte cuenta que quizá no fue del todo buena idea deshacer maletas, porque el lugar no estaba completamente disponible para vos, porque tu presencia incomodó, porque algo pasó, y te toca comenzar a recoger, y es de hecho una situación incómoda porque es difícil no enamorarte de un lugar cuando se te ha presentado tan agradable, tan acogedor tan tuyo y pedirte no deshacer maletas, y decirte: No te acomodés porque en cualquier momento vas a tener que volver a irte! 

Y por más ganas que tenga de acomodarme, por más deseos que tenga de adornar ese lugar para sentirlo mío, para sentirme que pertenezco a él, por más que quiera acomodar lo que siento en ese corazón me es difícil, porque ya una vez me dijo que me fuera, que no pertenecía allí, que hiciera mis maletas, que la confusión atacó, que el peso de todo eso que yo traía en mis maletas era demasiado para el lugar donde quería colocarlos, porque yo traía demasiado para dar y el lugar tenía tan poco que ofrecer.

Y el sentimiento al decir: Me quedo pero no voy a deshacer mis maletas, no es del todo bueno, pero cuando ya te pasó una vez el miedo sigue ahí, y aunque a veces de luces de comenzar a adornar ese miedo me lo impide, es doloroso hacer maletas cuando no tenés ganas de irte, cuando te sentís feliz en un lugar, pero a veces es inevitable. 

No quiero quedarme sin deshacer maletas, eso es un hecho, no puedo me es difícil, se me hace imposible la idea quedarme con maleta hecha, quizá sea preferible irme pero con maleta vacía, dejándolo todo, sin llevarme nada y comenzar de nuevo a acumular cosas por el camino.

Quiero un lugar donde pueda adornarlo a mi gusto, donde pueda sentirme segura, donde sienta que tengo un lugar especial, un sitio al cual quiera volver día y noche, un lugar en el cual pueda sentir que reposo, que puedo ser yo, quiero deshacer maletas, quiero quedarme no para siempre pero si por mucho tiempo, quiero sacar lo que traigo y llenar vacíos si es que los hay, quiero pensar que estaré ahí por el tiempo suficiente como para irme en paz. 

Quiero quedarme, pero ya no quiero deshacer maletas.





VOS NO ELEGÍS.





"Como si se pudiese  elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte hasta los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio...

A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto"




Cortázar. Rayuela.

MI CISNE NEGRO.

Eliminando infinidad de archivos que sentía estaban de más en mi ordenador encontré un trabajo de Administración escolar de hace un año, donde se usaban ciertas referencias del libro de Nassim Taleb "El cisne negro, el impacto de lo altamente improbable" 
Lo utilizamos en dicha materia por las referencias que hacía en la administración de empresas, la estadística y las probabilidades, y un montón de loqueras más.

Comencé a leer el trabajo y no pude evitar preguntarme: Mi misma, ¿En qué momento escribiste esto y de dónde lo sacaste?
Lo más rescatable del mencionado trabajo y que no dejó de llamar mi atención es que Taleb basaba su libro en que estamos rodeados de improbabilidades que conducen nuestra cotidianidad, aunque no las demos o el resto del mundo no las de por válidas o en determinado momento no puedan comprobarse. 

Taleb afirma en su libro que para que un evento sea considerado como "Un Cisne Negro" debía reunir 3 propiedades o características para ser considerado como tal: Gran repercusión, probabilidades imposibles de calcular,  y efecto sorpresa. 



Como tiendo a relacionar(me) siempre con las cosas que leo y releo, no pude evitar hacerlo esta vez. Así que por todo lo que leí, por el título del libro de Taleb es que puedo decir con toda certeza que él es mi cisne negro.
Cumple las tres propiedades antes mencionadas.

1) Ha sido de gran repercusión, desde su llegada a mi vida me dio un cambio enorme de 180 grados, lo rancio, amargo, ulceroso de mi ser cambió en su totalidad, cambio que fue notado  desde su aparecimiento. 

La sonrisa a flor de labio, la felicidad leída en los ojos, la ilusión irradiada por la piel. El sentimiento ese de mariposas en el estómago, el salto del corazón domesticado.
Cambios que han permanecido pese a aquella despedida. 

2)Probabilidades imposibles de calcular: Ante esto no me cabe duda porque así como existe la probabilidad de que se agranden mis miedos, existe también la probabilidad de que me haga más mucho más feliz de lo que ya me hizo. La probabilidad de aparecimiento también era y sigue siendo incalculable, puesto que cuando decidí despedirme reapareció, porque cuando decidí que quería estar ahí decidió irse, porque cuando todo mundo dijo que era nulo que volviera volvió.

(De que hay riesgos HAY RIESGOS pero no se puede calcular las cosas buenas que pueda traer y atinado o no siempre es bueno arriesgarse un poco, siempre es bueno ir y experimentar, comprobar, principalmente porque desconozco pero quiero conocer)

3) Efecto sorpresa: Pues desde el primer momento de su aparición todo ha sido así. Todo es sorpresa tomada de su mano, todo es sorpresa ante su sonrisa, las cosas son no planeadas, no programadas, y sin embargo funciona y sin embargo FUNCIONA!!!!!


Lo cierto es que no puedo evitar pensar que encontré mi cisne negro, no puedo evitar pensar que ante todo eso que parecía improbable llegó alguien que vino a refutar el orden establecido de lo normal, llegó alguien que cuando todo mundo dijo: "Esto funciona de esta manera, y hace esto, se mueve en este sentido, y se dirige de este modo" resultó que NO.


Resultó que a lo mejor estamos rodeados de Cisnes Negros como lo afirmaba Taleb en su libro, esos hechos que en la curva de la cotidianidad y de lo normal pareciera que nunca van a suceder.

Y todo es improbable, hasta que te sucede, hasta que lo experimentas, hasta que la emoción te corroe...