Y así fue.

Nací mujer, un 25 de junio de 1986, por parto normal, y según historietas de mi madre, nadie entiende, ni hay razón clínica para explicar mi existencia, puesto que ella antes de parirme padeció de cálculos en la vesícula y atravesó por una operación sin saber que yo estaba formándome, fue hasta que ya la habían anestesiado que se dieron cuenta que yo estaba ahí. Y dado que no morí durante la cirugía que le realizaron, post operación le advirtieron que probablemente por la anestesia, iba yo a nacer con algún defecto físico o con severos problemas neurofisiológicos e incluso mentales.
Mi madre cuenta que lo único que esperaba desde ese momento era tenerme en sus brazos sin importarle como naciera yo. Pero desde que los médicos le manifestaron que lo mejor era que se deshiciera de mi, que optara por un aborto clínico se negó y  comenzó a ponerme en manos de Dios. Y vea que fue la mejor decisión.


Cuando mis abuelos se enteraron de mi existencia en esa barriga, no fueron muy felices que digamos, ellos esperaban que su hija, su orgullo, la única mujercita que parecía gustarle eso de la estudiada y la escuelas, terminara sus estudios de noveno grado para poder ejercer como maestra.

En fin... Mi papá involucrado desde sus 15 años en las filas del ERP (ejército revolucionario del pueblo) estaba sumamente comprometido con el ideal revolucionario del país (risas grabadas). Por razones que aun no me explico mi mamá tan guapa e inteligente, con cintura de avispa y ojos chiquitos y bonitos (me remito a fotos) terminó enamorándose de un guerrinche pata rajada, greñudo, piojoso y vago (así decía mi abuela) a lo mejor porque compartía ideales con mi abuelo, pero con todo lo que  atravesaba el país en ese momento lo menos que él esperaba era tener que abandonar su vida de lucha por el pueblo oprimido, para pensar en una familia y en cuidar de su mujer y su hijo.
De momento la noticia no le gustó, sin embargo acudió con mi madre a la alcaldía de, Santa Ana un 13 de diciembre a casarse con ella para que mi abuelo no cumpliera su amenaza constante de dejarse caer a su casa con un fusil AK o con una bomba expansiva rescatada de un asalto a algún cuartel del ejército. 

Por lo caliente y tenso del ambiente por una guerra ya gestada, mi abuelo decidió que mi abuela, mi mamá conmigo en panza partieran hacia Armenia, Sonsonate que no estaba siendo tan azotada por la guerra como en ese momento lo estaba siendo Santa Ana. Llegaron allá un 10 de mayo de 1986 mientras mi abuelo y mi papá seguían luchando por el ideal "del pueblo". Un 24 de junio en la noche unos días después de lo que se supone que yo nacería, parecía (según mi madre) que yo no tenía ganas de salir a un país en guerra donde habían malvados soldados que atravesaban niños con la bayoneta de sus fusiles y donde se decía que hombres como mi papá tenían por costumbre comerse niños en cada tiempo de comida por su pacto con satanás. Así que se fue con el esposo de mi tía hacia el hospital de Sonsonate teniendo que caminar varios kilómetros hasta encontrar quien los llevara, la caminada pareció hacerme querer salir porque mi madre rompió fuente en el camino (la muy bayunca) y pues ya en la madrugada apuntando las cuatro, se me ocurrió nacer justo llegando al mentado hospital. 

Según el folio de mi inscripción de nacimiento, soy hija ilegítima, es decir no reconocida por su padre, las cosas eran diferentes de como son ahora, podía asentarme cualquier familiar y dejarme solo un apellido, ahora eso ya no es válido hoy tiene uno que llevar los dos apellidos, así ninguno sea de la madre. Mi papá se encontraba destacado en alguna zona del oriente del país, la guerra, el proletariado, el pueblo oprimido,  era más importante que su primogénita.

Lo primero que se le ocurrió hacer a mi padre, fue mandar a averiguar si yo había sido niño o niña. Él decía constantemente "mi varoncito, mi hijito" cuando resulté yo. Y mi madre no se ganó la gallina. No se ganó la gallina pero fue la mujer más feliz (según me lo repite cada vez que puede)



Y así fue: Desde ahí vengo siendo rebelde, desde que las posibilidades de nacer sana eran nulas, desde que le dijeron a mi madre que no resistiría la anestesia e iba a morirme, desde ahí vengo luchando contra lo que se me quiera imponer, desde que se dijo "Este feto va a nacer atrofiado" se me ocurrió nacer con ojitos chinitos como los de mi mamá, con las ganas de resistirme a las ataduras impuestas de mi padre y mi abuelo, desde que se dijo que iba a nacer  en determinada fecha y se me ocurrió hacerlo días después, vengo haciendo las cosas contrario a lo impuesto. 

Y como mi abuela lo dice quizá mi vida viene siendo resguardada por Dios desde el momento de mi fecundación en algún matorral con vistas al hermoso volcán de Izalco (Estilo Jaraguá. Imagino) 

El resto se fue escribiendo poco a poco...


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