Encontré un artículo muy interesante en la famosa página ElMalPensante.com
sin mayor afán de arruinar el escrito, me tomé el atrevimiento de parafrasearlo.
Aquí voy.
SALIR CON CHICOS QUE NO LEEN
Sal con un chico que no lee.
Encuéntrale en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste.
Encuéntralo en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces
multicolores de una discoteca de lujo. Donde lo encuentres, descúbrelo
sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su
interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívalo con trivialidades poco
sentimentales; deja que use las típicas frases de conquista y ríe para tus
adentros. Sácalo a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por
concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Deja que te Bese bajo la
lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como
has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco
significado que todo eso tiene. Que te Lleve a su apartamento y despáchate
luego de hacerle el amor. Tíratelo.
Deja que la especie de contrato que sin
darte cuenta has celebrado con él se convierta poco a poco, incómodamente, en
una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música
country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio
común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o
las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa
poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle mudarte a vivir
con él y déjalo que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la
maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese
maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte
cuenta.
Concluye que probablemente deberían
casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. que te
Invite a cenar a un restaurante que se salga de su presupuesto en el piso
cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de
la ciudad. que Tímidamente pida al
mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas
te des cuenta, te propondrá matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad
de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está
a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha
importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca
hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des
cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y
ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una
aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la
típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros.
En ocasiones siéntete satisfecha pero vacía y etérea la mayor parte del tiempo.
Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el
viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero
solo después de haberte dado cuenta de que el chico que no lee jamás hizo
vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar
la historia de sus vidas, y que él también morirá arrepentido porque nada
provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea,
porque no hay nada peor que un chico que lee. Hazlo, te digo, porque una vida
en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque un chico que lee
posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida
insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la
convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño
a ti. Un chico que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo
espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarlo, y la
inarticulación causada por el desespero de la que lo ama en demasía. Un
vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque el chico que lee entiende
de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en
intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y
exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de
decepción. Un chico que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las
pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la
mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los
hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón
y sin propósito, después de que él haya empacado sus maletas y pronunciado un
inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos
suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le
permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con un chico que no lee porque el
que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites
del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente
en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace.
Pero sobre todo, el chico que lee conoce el inevitable significado de un final
y se siente cómodo en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con
apenas una pizca de tristeza.
No salgas con un chico que lee porque
ellos han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la
Woolf; tú en una biblioteca, o parada en la estación del metro, tal vez sentada
en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú,
la que me ha hecho la vida tan difícil. El lector se ha convertido en una
espectador más de su vida y lo ha llenado de significado. Insiste en que la
narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes
secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, el chico que lee, me hace
querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has
soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que
te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión,
sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso,
largo de aquí, chico que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y
llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
El original está acá http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=1&size=n
Pienso que en cualquier caso aun con mi parafraseo es demasiado. La contraparte "SAL CON EL CHICO QUE LEE" viene luego.
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