Muchas de las veces, cuando sentimos que odiamos a todo el mundo, cuando la misantropía se apodera de nosotros, más allá de estar molesto con las personas, y con todo aquello que respire, es que en realidad estamos molestos con nosotros mismos. Es que algo estamos reprochándonos y como nunca nos gusta aceptar que algo está mal, que algo en definitiva nos está lastimado, convertimos esa molestia personal en un profundo sentimiento misantrópico, y todo nos asquea, y todo nos resulta detestable, el mundo nos da guácalas, queremos evadir a las personas incluso a los que decimos querer.
En lo personal esto me sucedió recientemente, la gente me asqueó, la gente cercana a mi, incluso la gente que quizá ni vela tenía en este entierro, me comporté tosca (sí más de lo usual) pésima, odiosa, cae mal, respondía de mala gana a todo, actué con indiferencia ante las preocupaciones de las personas, etc.
Si fue bueno o no, la verdad creo que no se determinarlo aun, lo cierto es que la sensación a principio fue agradable (para mi obviamente) para los demás que tuvieron que soportarme no, consecuencias me ha dejado y creo que no queda más que sobrellevarlas, porque pues si como versa el sabio proverbio de mi pueblo "A lo hecho, pecho" así que pues eso.
Mi asco, mi hastío hacia el mundo en general incluía lugares, la verdad es que el hartazgo fue tan grande que comencé a dirigir malos sentimientos hacia todo lugar, persona, cosa, que contribuía a mis malos recuerdos, que evocaba la tristeza.
Tenía al rededor de 11 años o más de no ir a un lugar muy famoso y de hecho muy bonito, todo por el dolor que me causaba su recuerdo, por la tristeza que me recordaba, por el mal sabor de boca, más allá de la abundante sal del lugar, pues el fin de semana pasado (1 de junio)para hacer del mes algo bonito y comenzar a echar de mi todo el hartazgo no de la gente, sino de mi misma tuve a bien ir hasta allí, evadí por completo el lugar, no diré que al principio no me sentí incómoda ¡Claro que me incomodé! Pero el evento en sí, que me llevó hasta allí me obligó a poner buena cara, era el cumpleaños de una de mis mejores amigas así que no podía andar cara de mapa, mientras caminábamos sentí sensación horrenda de querer salir huyendo de allí.
Mi asco, mi hastío hacia el mundo en general incluía lugares, la verdad es que el hartazgo fue tan grande que comencé a dirigir malos sentimientos hacia todo lugar, persona, cosa, que contribuía a mis malos recuerdos, que evocaba la tristeza.
Tenía al rededor de 11 años o más de no ir a un lugar muy famoso y de hecho muy bonito, todo por el dolor que me causaba su recuerdo, por la tristeza que me recordaba, por el mal sabor de boca, más allá de la abundante sal del lugar, pues el fin de semana pasado (1 de junio)para hacer del mes algo bonito y comenzar a echar de mi todo el hartazgo no de la gente, sino de mi misma tuve a bien ir hasta allí, evadí por completo el lugar, no diré que al principio no me sentí incómoda ¡Claro que me incomodé! Pero el evento en sí, que me llevó hasta allí me obligó a poner buena cara, era el cumpleaños de una de mis mejores amigas así que no podía andar cara de mapa, mientras caminábamos sentí sensación horrenda de querer salir huyendo de allí.
Y cuando pensé alejarme de quienes me acompañaban para regresarme al carro y quedarme allí diciendo que el calor me provocó dolor de cabeza, fijé mi vista en un árbol de fuego que asomaba solo, distante, con su roji-naranja coqueteo, la tarde fue cayendo, y no pude hacer más que fijar mi vista en ese árbol esplendoroso a lo lejos, y ver como el atardecer me regalaba una mezcla exquisita de colores entre grisáceos, azulados y violetas con iluminación ténue, de un día con tímido sol, que se le ocurrió ocultarse en un lado diferente de donde lo hace usualmente (El sol camina y cambia) Todo ese espectáculo era demasiado bonito como para evadirlo, como para estar enojado con el lugar, con ese majestuoso paisaje mientras caía la tarde. Así que me reconcilié con el lugar, con el mar de ese lugar en específico.
Día domingo, el reconcilio con los lugares continuaba, tenía al rededor de un año de evadir visitar ese lugar turístico, a principio de este año fui pero la verdad no me quité los audífonos durante todo el recorrido, busqué el café más solo del lugar, entré sola, me senté, pedí un mocka caliente, un flan de queso, y me quedé allí audífonos puestos mientras sonaba mi amado Bunbury a todo lo que daba, con el fin de acortar mi estadía y hacerla quizá no placentera pero sí, fácil de digerir.
Día domingo, el reconcilio con los lugares continuaba, tenía al rededor de un año de evadir visitar ese lugar turístico, a principio de este año fui pero la verdad no me quité los audífonos durante todo el recorrido, busqué el café más solo del lugar, entré sola, me senté, pedí un mocka caliente, un flan de queso, y me quedé allí audífonos puestos mientras sonaba mi amado Bunbury a todo lo que daba, con el fin de acortar mi estadía y hacerla quizá no placentera pero sí, fácil de digerir.
Ese domingo fue totalmente diferente, estaba acompañada de las mejores personas que han rodeado mi vida, reí, caminé pese a la lluvia, comí, disfruté, olvidé lo doloroso del lugar, y más bien; no del lugar sino de sus recuerdos, fue diferente, ya no dolía el lugar, ya no quería tenerlo con malos recuerdos.
Así fue el reconcilio de mi persona con los lugares y conmigo misma, lo del reconcilio con las personas es harina de otro costal, para eso necesito no solo tiempo, sino un trabajo bien exhaustivo que me lleve hacia el perdón verdadero, es algo que he dejado en manos de Dios, y no pretendo presionarlo (y no me obligo a poner de mi parte jejeje) pero es algo con lo que quiero ir poco a poco, y no se si logre hacerlo, de hecho sola se que no podré por eso lo dejo en manos de el que sabe.
Por lo pronto no se si estoy mejor conmigo misma, pero voy en camino a estarlo (Espero).
Así fue el reconcilio de mi persona con los lugares y conmigo misma, lo del reconcilio con las personas es harina de otro costal, para eso necesito no solo tiempo, sino un trabajo bien exhaustivo que me lleve hacia el perdón verdadero, es algo que he dejado en manos de Dios, y no pretendo presionarlo (y no me obligo a poner de mi parte jejeje) pero es algo con lo que quiero ir poco a poco, y no se si logre hacerlo, de hecho sola se que no podré por eso lo dejo en manos de el que sabe.
Por lo pronto no se si estoy mejor conmigo misma, pero voy en camino a estarlo (Espero).
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