Como siempre lo primero que hizo al despertar fue ver la hora en su teléfono que a veces funciona, y a veces no. Como ella.
5:00 am se enojó porque es el primer día que tiene la oportunidad de dormir hasta tarde y despertó a la misma hora de siempre.
El día amaneció tan bonito, tan radiante, tan claro, como si el sol quisiera animarla, como si el sol quisiera dibujarle la sonrisa que ha perdido desde hace 100 días atrás, esa sonrisa que brillaba más que el sol mismo, esa sonrisa que irradiaba plenitud, certeza, confianza, felicidad.
Se siente como un barco a la deriva, que ya no sabe si se conduce hacia algún lugar o simplemente va dejándose llevar por la corriente, si es que realmente tiene ganas de comenzar a remar hasta encontrar un puerto seguro, o si quiere dejarse arrastrar hasta la profundidad y al final dejarse abatir por todo y por último dejarse hundir.
Quizá arrebatadamente ella misma había decidido eso, hace 100 días atrás, quizá; es que esperaba que tras su arrebato la detuvieran cosa que nunca pasó.
Se ha puesto a pensar constantemente que no tiene algo a qué aferrarse, y le parece extraño estar queriendo algo así, le parece que la vida se le está yendo en encontrar un lugar donde poder anclar, ella que siempre se jactó de ser vela y no ancla. Ella que siempre quiso encontrar quien la acompañara a navegar y no quien la hiciera anclar.
Piensa que ahora ya no tiene corazón, dulzura y melosidad, ya no le brillan los ojos, la sonrisa ya no es sincera, es efímera; el vació es cada día más notable, y las lágrimas aparecen recurrentemente.
Citó al que siempre cita cuando la líbido le invade, como siempre suele hacerlo cuando se siente con otros deseos.
Acudió, total parece ser la única forma que les queda y que los mantiene jodidamente unidos.
Ni lento ni perezoso, siempre acude cuando ella lo llama, aunque ella vacile en acudir cuando él la llama (No es por falta de deseo, es por aumentarlo un poco más)
No importa cuándo, ni cómo, él siempre tiene deseos de ella, y ella siempre tiene deseos de él.
El ambiente era el perfecto, ella prefiere hacer el amor a oscuras, a él le gusta de cualquier manera, siempre y cuando sea con ella.
El deseo les desborda por los poros, pero eso a ella no le quita la tristeza del alma. Pero las ganas, son otra cosa.
Ella sabe lo que a él le gusta, ella sabe cómo volverlo loco de pasión, quizá por eso él nunca ha podido irse del todo de su lado, y sea como sea, y pase lo que pase en la vida de ambos, siempre vuelven a juntar los cuerpos aunque las almas sigan distantes la una de la otra.
Se dejó llevar como siempre lo hace cuando lo tiene a su lado, probablemente hace mucho él dejó de ser el hombre que ella quería para su vida, probablemente. Pero no deja de ser el hombre con quien le gusta y disfruta hacer el amor.
Mientras lo hacen él suele repetirle "Solo vos sabés lo que me gusta, y solo yo se como te gusta" se lo repite cada vez que entra en ella, se lo repite cada vez que la acaricia mientras está sobre él.
Se lo dice a cada momento, cuando comienza a desnudarla en la oscuridad de su cuarto, se lo dice cuando la besa de pies a cabeza. Pareciera ser que es lo único que sabe decirle.
Las ganas están, pero su mente y el poco corazón que a ella le queda están tan lejos de allí, su corazón está pensando en otra boca, su mente está queriendo enfocarse en el disfrute de la noche, su corazón se repite que esos no son los besos que su cuerpo desea, su mente le dice que es lo único que hay, casi al final cuando ella ha logrado darle a su cuerpo toda la satisfacción física que necesitaba se separa de su cuerpo pero se queda sobre sus brazos.
Quizá él no se esperaba que ella hiciera eso, menos se esperaba un silencio incómodo y luego una pregunta más incómoda. Quizá hubiese preferido el silencio.
¿Por qué no soy la mujer indicada para alguien? Le dijo. Sos la indicada para mi. Le respondió. Ella rió de forma burlona porque sabe que lo dijo solo por decirlo. ¿Si soy la indicada, por qué no te quedaste conmigo? Volvió a preguntarle. Los invadió un silencio más incómodo. Creo que al final de todo, vos y yo vamos a terminar juntos como al principio. Le respondió.
- No lo creo, ni lo quiero- Pensó ella. Probablemente también lo mismo pensó él.
Dejó que él terminara todo lo que había llegado a hacer.
Cerraron el encuentro como siempre lo hacen, con un café, amargo y con leche para él, negro y con 2 de azúcar para ella.
Conversaron trivialidades de sus vidas, arreglaron un poco el mundo, ser rieron un poco.
Él se despidió, ella salió a acompañarlo hasta la puerta, le besó tiernamente la frente, y se fue.
Le vio partir, como siempre le ve partir, como le ve partir 3 ó 4 veces cada mes, o cada vez que ella lo llame.
Ella volvió a su rutina de soledad, volvió a disimular ante la gente, volvió a fingir que todo está bien.
Se dio cuenta que hace un par de meses atrás todo era tan diferente, ella había dejado de acudir a él para saciar sus ganas, porque no lo necesitaba, se dio una ducha antes de acostarse, se vio al espejo, cambió todo de lugar en su cuarto, para pensar, como siempre lo hace ,que moviendo las cosas va a moverse a sí misma para ser al día siguiente alguien diferente.
Se sentó en la cama y lloró, lloró no por el hombre que acababa de irse después de hacerle el amor.
Lloró por aquél que más que llevarse sus orgasmos y sus gritos mientras le hacía el amor, le dibujaba cada encuentro la sonrisa, por el que hacía de sus días diferentes, por aquél por el que sus ojos brillaban.
Se dio cuenta entonces que ya no tenía ni a ese, ni a ninguna otra persona que hiciera eso en en su vida, se dio cuenta que aun estando rodeada de tanta gente a veces se siente tan sola.
Y lo peor del caso es que se dio cuenta que muy probablemente las cosas estén dispuestas a ser así eternamente.
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