Encuentros.


Había pasado ya cierto tiempo en el que habían dejado de verse, lo cierto es que para ella había pasado una eternidad cuando apenas habían transcurrido unos meses. 

Por extraño que pareciera y pese al dolor que llevaba en el corazón pasaba viéndolo en todos lados, salía al mundo y le parecía encontrarse con su rostro al doblar cada esquina, iba por las calles y el viento parecía traerle el rumor de su risa, veía a las personas y le parecía verlo a él.
Había decidido que lo mejor era no salir a la calle para no encontrárselo, o para no tener que imaginar que lo veía en todo y en todos. 

"¡La vida sigue!" solían decirle con frecuencia sus amigos y conocidos. No es que ella no supiera que la vida seguía, es simplemente que le era más densa de vivir, porque es muy diferente pasar de ver las cosas a full color, a verlas en escala de grises.

Sin embargo durante todo ese tiempo le hizo creer a todos que seguía viviendo, sonreía para agradar a otros (o para no preocuparlos)


Las cosas siguieron su curso y de una u otra manera ella procuró seguir con la vida, la que a veces sentía no era la suya, la seguía viendo en escala de grises pero también hacía creerle a los demás que la veía nuevamente a full color.

Encontró en su camino a quien intentó colorearle los días, y habían momentos en que quizá lo lograba.
Sacaba sus mejores colores, sus mejores dotes de artista, su repertorio de canciones, su cálido y tibio abrazo, sus palabras dulces, todo eso que cualquiera hace por ver sonreír y enamorarle el alma al otro.

Ella pensó, que era bueno darle una oportunidad a la vida para volverla a ver de manera diferente. 

Parecían ir bien las cosas, parecía que todo comenzaba a volver a su lugar, parecía. Solamente eso.

Era un día como cualquiera, iba al lado de la persona a quien decidió darle la oportunidad de que volviera a dibujarle y pintarle la sonrisa.
Iba al lado de ese quien hizo todo por hacerla sentir amada de nuevo. 
Al lado de quien quería y creía que ella era feliz junto con él. 

Jamás iba a decirle ella que no era feliz, no quería lastimarlo, jamás iba a decirle que habían noches que llegaba a su cuarto a recordar que mientras él la besaba ella se imaginaba los labios de otro, que mientras él le sonreía ella pensaba en la sonrisa de otro, que mientras se veía reflejada en sus ojos morochos; los ojos morochos más lindos, le decía ella; la verdad era que estaba pensando en unos ojos verde cielo.
Que mientras buscaba su abrazo, en realidad añoraba que esos brazos fueran los de otro.

Pero él no merecía eso. Él merecía pensar que ella realmente sentía algo, él merecía que ella fuera un poco piadosa, merecía que ella tratara de convencerse a sí misma de que él era su nueva oportunidad para ser feliz, para sonreír. 

No es que ella sea hipócrita, es que ella de verdad quiere convencerse a diario, de que él es su nueva oportunidad, de que él puede ayudarle a ir sanando aunque sabe que debió comenzar a hacerlo sola...

En fin... Los días transcurrieron más de los que ella creía, pero nunca dejó de contarlos y anotarlos en su agenda, pareciera que es ella masoquista. 

Cuando comenzaba a dar luces de que estaba dándose a sí misma una oportunidad, iba por la calle tomada de la mano de ese nuevo alguien, iba sonriendo (no de alma completa, pero sonriendo) jamás se imaginó encontrarse con quien se había llevado cada parte de su corazón, de su alma, de su sonrisa, de su vida.

Ella bajó la mirada, él supo interpretar el gesto.
Siguió caminando y volteó la mirada dos veces, las mismas veces que él también la volteó para verla.

Su mayor miedo y su deseo hecho realidad. 
Verle y sentir que su corazón se le volvía a salir del pecho,
verle y sentir que su ser tiene ganas de correr a abrazarse a él y no soltarle jamás;
Verle y estar del lado equivocado. 
Verle y pensar que las cosas pese al tiempo, pese al daño seguían allí. Que el sentimiento seguía allí.

Quien la llevaba tomada de la mano lo supo, fingió que no había pasado nada y siguió caminando con ella sin soltarle la mano. 


Se dio cuenta que era de madrugada. 
Que todo había sido un sueño, estaba en su cama, afuera llovía, eran las 2:50 am y solo llevaba 20 minutos dormida. 

Se dio cuenta que estaba en yendo en vuelo propenso a estrellarse (de nuevo) 
sin embargo también se dio cuenta que ver esa pared donde va a ir a estrellarse (conocimiento de causa le dicen) no la hará dejar de volar en un cielo que no es el que ella quiere pero por el cual se siente atraída, con una compañía que no es la que quisiera;y que sin embargo a ratos disfruta, brindando una sonrisa que no es ni a colores ni de alma completa, pero disimula muy bien  y le ayuda al hacerla encajar en el mundo, y viéndose reflejada en unos ojos morochos. Los ojos morochos más lindos que ha visto, pero que sigue prefiriendo los de tono verde cielo. Aunque ese reflejo esté roto hace más de 150 días.

Aunque fue un sueño, a ella le gusta musicalizar sus sueños. 
La verdad a ella le gusta musicalizarlo todo. Hasta sus penas.

Y sin afán de querer reproducir los sucesos de la canción, sabe que no hay mejor soundtrack para su sueño (¿O habrá sido realidad?) que esta:



"Para qué fingir se te nota desde aquí, que por él no sientes nada, se te nota en la mirada...
Se te nota el deseo en cada gesto de tu boca, 
cuando bajas la mirada y se te escapan mil suspiros, 
Se te nota que eres mía aunque no vivas conmigo, se te nota..."



La escuchó tres veces. e intentó dormir de nuevo. Para levantarse pronto a seguir contando los días...

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